I Am a Ghost es una de esas pequeñas maravillas que, cuando ya creías que lo habías visto todo sobre un tema tan repetido a lo largo de la historia del cine como es el de los fantasmas, te hace volver a creer en la capacidad creativa de la humanidad.
Y es que, aunque estamos delante de una ópera prima de bajisímo presupuesto, con una simpleza visual que definiría como alucinante en toda su desnuda naturalidad, su originalidad acaricia lo sublime.
Y cuando descubres que el director es el responsable del guión, la fotografía, e incluso de su producción, además de encargarse personalmente del montaje, que en total creo recordar que el elenco responsable de la película no sobrepasa las seis personas, y que el film aguanta con una única protagonista y una sola ubicación, comprendes que, para llevar a buen puerto una buena idea, no son necesarias inversiones astronómicas.
Despojada así de adornos supérfluos, esta cinta independiente, con leves tintes que podrían recordar a The others, 2001, (traducida como Los Otros) y cierta locura de Groundhog Day, 1993,(Atrapado en el tiempo), e incluso en sus momentos finales con cierto sabor a Ju-on, 2000, (La maldición), no nos lleva, sin embargo, a engaños sorpresivos. El terror, aquí, radica en otro lado.
